Uruguay-Argentina nunca es un partido más y, sobre todo, por la última fecha de las Eliminatorias sudamericanas desde que se disputan con el actual formato; por, al menos, tres motivos, según las circunstancias:
1) La trascendencia de lo que uno o los dos equipos se juegan en "la parada";
2) La rivalidad, signada por la tradición que viene desde el fondo de la historia y enfrenta no sólo a dos selecciones, sino también -deportivamente, claro- a dos pueblos de marcada cultura futbolera, de acuerdo el término con el cual Tabárez gusta definir lo que representa el fútbol para argentinos y uruguayos;
3) La suspicacia, que en esta instancia no corre, como en alguna edición anterior del clásico del Río de la Plata, porque Argentina está clasificada para el Mundial de 2014, y a esta altura Uruguay no corre el riesgo de quedar eliminado; esto es: puede aspirar a la clasificación directa sólo mediante una combinación de resultados (ver páginas 8 y 9) que prácticamente configurarían un milagro, y en el peor de los escenarios tiene el Repechaje asegurado.
De modo que, pese a que Argentina llega sin Messi, Agüero, Higuaín, Gago y Mascherano, que son -sin dudas de ninguna clase- sus figuras más desequilibrantes y/o gravitantes, el cotejo de esta noche es, por dos de las razones citadas, importante.
El "leiv-motiv" del encuentro para Argentina es, tal vez, más "liviano"; aunque no irrelevante: su técnico le da oportunidad de jugar a futbolistas que habitualmente no son titulares, pero que por algo en su mayoría actúan en el extranjero, con el propósito de ir "pasando lista" con vista a la formación del plantel con el cual afrontará la disputa del Mundial el próximo año; y eso, entonces, hace que Uruguay se encontrará con un rival al que se le achaca debilidad defensiva, pero -por la riqueza técnica que es patrimonio de la inmensa mayoría de los jugadores argentinos- no será fácil.
Frente a ese adversario, entonces, un equipo celeste que por algo Tabárez no retoca pensando, por ejemplo, en reservar algunos de los jugadores que tienen tarjeta amarilla para evitar que corran el riesgo de perderse la ida del Repechaje ante Jordania, tendrá no uno, sino varios objetivos por delante:
a) La chance. Este Uruguay le puede ganar por tres goles a esta Argentina y, cumpliendo con esa parte, habría que aguardar lo que ocurre con Chile-Ecuador en Santiago;
b) El ánimo. Una victoria y un funcionamiento convincentes ante Argentina robustecerían el espíritu para enfrentar a Jordania;
c) El orgullo. Sería feo perder el clásico del Río de la Plata ante un equipo alternativo de Argentina en el Centenario, lo que podría dejar una herida abierta para el Repechaje;
d) El equipo. Cuando hay margen para ello, y éste parece ser uno de esos casos, Tabárez acostumbra a poner un equipo para hacerle un test con vistas a lo que "la Celeste" tiene por delante, así que esta es la única oportunidad para ver en la alta competencia cómo puede funcionar Uruguay en Amán contra Jordania;
e) Las tarjetas. Tabárez dijo que no repara en los futbolistas observados, pero cada jugador que entre a enfrentar a Argentina tendrá en la mente lo que le pasó al "Cebolla" ante Argentina en las Eliminatorias pasadas: lo echaron, lo suspendieron 3 partidos y Tabárez no lo llevó a Sudáfrica.
En suma, por lo expuesto, hoy Uruguay asume la casi total responsabilidad del compromiso y eso es bastante; porque es responsable de todo: de responderle a la tradición que viene del pasado; del hacerle frente al presente que lo invita a poner su parte para la concreción de un eventual milagro; y de "ponerse a punto" para el futuro inmediato, si debe jugar ante Jordania. En un clásico del Río de la Plata. Casi nada.
